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02/09/2012 Inf.General

Los basurales de Panamericana vuelven a preocupar a los vecinos

Hace más de un mes, El Diario recorrió la Panamericana y calles adyacentes para dar cuenta del problema que existe a lo largo de la autovía sobre la gran cantidad de basura que particulares y comerciantes arrojan diariamente con impunidad. En este tiempo, se efectuó la limpieza de aquellos lugares, pero en general los intentos por erradicar los focos de basura han sido en vano.

Por aquel entonces, había sorprendido la presencia de una montaña de basura de al menos 3 metros de altura entre los kilómetros 55 y 56 de Panamericana. Se trata de un tramo de la colectora que permanece por debajo de la autopista y que, debido a la poca presencia de viviendas en la zona, siempre fue reservorio para grandes cantidades de residuos. Según expresaron los vecinos, es un viejo enemigo al cual no han podido vencer y por el cual se unieron para combatir.

“Estamos en constante comunicación con la gente del centro de materiales y nos avisamos entre nosotros cuando vemos a gente tirando basura”, recalcó Fabián Martínez, quien está al cuidado de una de las viviendas linderas al terreno donde diariamente aparecen grandes cantidades de basura.

Según su testimonio, como el de miembros de un comercio ubicado a pocos metros del lugar, se trata de personas que no pertenecen al barrio y que desde autos de mediana y alta gama, arrojan sus residuos particulares. “También hay varios comercios que tiran su basura”, agregó el hombre.

Si bien este es uno de los lugares donde más basura se concentra, también se puede hallar en otros sitios al costado de Panamericana en el recorrido entre el kilómetro 57 al 50. Así, a pocos metros de la calle Guido, sobre la calle Ameguino, bolsas de residuo y partes de automóviles interrumpen el paso de los vehículos y ponen en jaque la salud de los vecinos. De la mano contraria, en la colectora más cercana a la ruta 25, también se pueden ver fácilmente automóviles cortados y más basura. A pocos metros del lugar, entre las calles Beláustegui y Acosta, ambos márgenes fueron adornados con basura, esa misma que sus dueños debieron dejar sobre un cesto, y que en cambio, decidieron arrojar en la vía pública librándola a la suerte.

 

Distancia

El profesor Fernando D’Auría, funcionario de la Secretaría de Salud Ambiental del Municipio, se refirió al perfil de aquellos que diariamente dejan su basura en la vía pública: “La gente generalmente cercana no va a tirar la basura cerca, por la propia conciencia de la gente. Quiere que sus residuos se liberen lejos”, afirmó, respaldando testimonios de vecinos que sostienen que la basura es arrojada por personas ajenas al barrio en cuestión.

“Es la tragedia de los lugares comunes. Como es un espacio público, lo utilizan todos y no es de nadie, entonces ven un lugar adecuado en ciertos horarios para tirar la basura propia”, remarcó D’Auría sobre la creación de estos pequeños basurales que la sociedad ha naturalizado.

La metodología: una persona arroja basura en un lugar, luego es otra la que se suma a esta acción, lo que habilita a que sean otros los que, empujados por la pérdida de conciencia crítica, contribuyen a perjudicar el medio ambiente y a la salud de los vecinos.

 

 

Lo que se limpia, se ensucia
La impotencia del Municipio y de los vecinos

Cuando muchas veces se critica al Estado por la falta del cumplimiento de funciones básicas que hacen al bienestar de la sociedad, también se lo pone bajo la lupa por problemas ambientales. Pero es en este caso en el que el vecino se encuentra aliado al Municipio, para juntos eliminar estos focos de basura.

Luego de aquella publicación de fines de julio en la que El Diario daba cuenta de la gran presencia de residuos en la zona, personal municipal se encargó de limpiar los basurales en varias ocasiones, pero lamentablemente a los pocos días ya había partes de basura tecnológica, fragmentos de autos y animales muertos también en la calle.

“La Municipalidad viene siempre a limpiar. Hace dos días limpiaron y ya volvieron a tirar basura”, señaló el vecino Fabián Martínez el último viernes, cuando la parte de colectora entre el puente Petrel y el de “Las Margaritas” volvió a ser cubierta por residuos y donde también se encontró pochoclo, maíz y velas, junto con cabezas y otras partes de animales, propios de rituales de magia negra.

Para eliminar al problema de raíz, desde la Secretaría de Salud Ambiental del Municipio se ha formado el año pasado, junto a otras tres comisiones, la deResiduos Sólidos Urbanos (RSU), a partir de una mesa participativa. Esta división ha comenzado a trabajar la semana pasada en el foco hacia donde apunta una posible solución, o al menos, a una reducción de la cantidad de basura que circula en la vía pública: las escuelas. La prueba piloto se inició en las del barrio La Loma de Del Viso y del mismo centro de la localidad para concientizar a las familias.

Esto se da debido a que un inminente cierre del relleno sanitario de la Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado (CEAMSE) en el próximo año, pone a los municipios de pie para elaborar medidas y políticas apuntando a que los residuos producidos en Pilar sean reducidos, reutilizados o reciclados en el Partido.

“Esto se tiene que hacer con la mayor velocidad posible pero hay que hacer una gran toma de conciencia”, disparó preocupado D’Auría.

 


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