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17/06/2012 Inf.General

Cuando la ciencia es la mayor esperanza para un cambio de vida

Nacho con su papá, en China, durante un alto en el tratamiento.
Nacho con su papá, en China, durante un alto en el tratamiento.

Muchas veces oímos sobre casos de personas que viajan hacia otros continentes para encontrar una solución a serios problemas de salud. Generalmente los pacientes son sometidos a operaciones costosas y complejas, de las que poco se conocen, con la esperanza de regresar al país con una notoria mejoría. En otros casos, la alternativa de viajar proviene de la novedad de las terapias que aún no son avaladas por la Organización Mundial de la Salud.

Entre estos nuevos caminos en los que se ha embarcado la ciencia mundial en los últimos años, se encuentran los tratamientos con células madres, más populares por las esperanzas que ofrecen que por los resultados que brinda, poco conocidos hasta el momento. Es que estos tratamientos no son avalados por la comunidad de médicos debido a que aún se encuentran en una etapa experimental.

Sin embargo, de a poco se van conociendo resultados óptimos.

 

La historia de Nachito

Ignacio Mendoza está pronto a cumplir 13 años. Exactamente el tiempo que transcurrió desde que, luego de una mala praxis –comprobada por la justicia- tras una complicación en el parto, Laura Tejera fuera mamá por primera vez. “A Nacho le faltó oxígeno y nació con parálisis cerebral”, explica con naturalidad la mujer, también madre de otros tres chiquitos de 10, 8 y 4 años. El niño acaba de volver de China, donde fue sometido a su primer tratamiento con células madres en un hospital público del país oriental.

“Uno no sabe dónde se está metiendo. Llegás al aeropuerto y buscás a alguien con un cartelito con tu apellido”, explica la mujer sobre los primeros momentos de materializada la decisión que se ha tomado a miles de kilómetros. Quien viajó con el chiquito fue su marido, Ramón Mendoza, que permaneció al lado de Nacho durante 3 semanas, para finalmente regresar a La Lonja, donde viven, con alguna evolución concreta de la salud del nene.

“Nacho no podía abrir los dedos y ahora tiene la mano abierta”, cuenta Laura sobre las diferencias que encontró luego de regresado su hijo al hogar.

 

Cuestión de tiempo

Como el caso de Nacho, son varios los de los chicos de la zona que fueron a China para someterse a tratamientos con células madres. Si bien los casos son similares, no son equivalentes. Algunos encuentran resultados favorables al poco tiempo, mientras que otros apelan a la paciencia para concluir si el viaje al continente asiático ha sido una inversión correcta.

Convencidos de probar este nuevo tratamiento, el matrimonio Mendoza llevó al chiquito a China.

El resultado se notó rápidamente. “Noté cambios muscularmente –relata la mujer-. Nacho tiene una espasticidad que no le deja mover las piernas. Antes teníamos que ponerle un almohadón en las piernas porque no las apoyaba en la silla de ruedas. Ahora empezó a apoyarlas”, cuenta la mujer, también siendo realista del poco tiempo que pasó desde que el chiquito fue intervenido con 6 aplicaciones en China y sesiones de acupuntura.

Si bien es un paso importante el de la operación, también lo es el de la rehabilitación, sin embargo, no existe un lugar específico para este tipo de patologías, por tal motivo, Nacho va a terapeutas particulares para hacer una correcta rehabilitación y, ahora, complementado con lo realizado por los doctores en China.

 

Mala fama

El desconocimiento de estas nuevas terapias ha llevado al descreimiento de la gente. Junto con la bajada de pulgar que le ha dado la comunidad de médicos, no han tenido tiempo de ganarse prestigio, menos, aceptación.

“Entiendo que es un negocio también, pero me contacté con otras madres y me dijeron que valía la pena”, cuenta la mujer, quien pudo operar al chiquito gracias al dinero obtenido de la indemnización. El precio del tratamiento asciende los 30 mil dólares, dependiendo de la complejidad y la cantidad de aplicaciones. Además, la familia del paciente se convierte en cliente en el momento en que decide realizar un segundo viaje, cuyo tratamiento costará más barato.

La mujer relató a El Diario varios de los casos con los que se encontró su marido en China. Entre los distintos pacientes latinoamericanos que coincidieron con el hombre, conoció el caso de un niño que luego del 4º tratamiento había vuelto a caminar.

 

 

El caso de Bruno
En los últimos meses se hizo popular el caso de Bruno Ramírez, vecino de Derqui, quien nació 5 años atrás con parálisis cerebral. Luego de un gran esfuerzo de su madre y de otros amigos y familiares, finalmente viajará entre el 20 y el 30 de julio a China para someterse a un tratamiento similar al de Nacho, esperando obtener los buenos resultados esperados.

 


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